UNA DECLARACIÓN DE
INDEPENDENCIA OLVIDADA: 29 DE OCTUBRE DE 1823

I. Introducción
¿Cuándo debería
considerarse a un pueblo como “independiente”? ¿Cuando se siente como
tal? ¿Cuando expresa su voluntad inequívoca de querer regirse por sí mismo?
¿Cuando ejerce su soberanía efectivamente, imponiendo su voluntad? ¿Cuando se
organiza bajo un pacto constitucional? ¿Cuando es reconocido como tal por la
comunidad internacional? El lector tendrá al respecto su propia respuesta. En
el caso del Uruguay, ríos de tinta se han escrito sobre cuándo debería
conmemorarse nuestra Independencia: si debería tomarse en cuenta el 25 de
agosto de 1825 (cuando este suelo se declaró “de hecho y de derecho libre é
independiente del Rey de Portugal, del Emperador del Brasil, y de cualquiera
otro del universo y con amplio y pleno poder para darse las formas que en uso y
ejercicio de su soberanía estime conveniente”), el 4 de octubre de 1828
(cuando se canjearon entre las Provincias Unidas del Río de la Plata y el
Imperio del Brasil los documentos de ratificación de la Convención Preliminar
de Paz del 27 de agosto de 1828 -firmada bajo la mediación de Gran Bretaña-), o
el 18 de julio de 1830 (fecha de la Jura de nuestra Constitución nacional).
Sin embargo, nos
atrevemos a proponer que nuestro país se declaró independiente hace 200 años,
el 29 de octubre de 1823. Podríamos considerar a esta data como la de nuestra
primera Declaración de Independencia.
Intentaremos
argumentarlo valiéndonos básicamente de las investigaciones que expusimos en un
libro publicado bajo el seudónimo de Jean-Marie Mondine (),
sin perjuicio de otros instrumentos de archivo y de apoyo.
Cierto es que ya el 13 de abril de 1813, los representantes
de la Banda Oriental habían proclamado en las Instrucciones del Año XIII su
voluntad de que las colonias de la región declararan su independencia absoluta
de España (artículo inicial), habiendo circulado inclusive un “Proyecto de Constitución
para la Provincia Oriental” ese año; y de hecho hasta las invasiones
portuguesas, bajo José Artigas la Banda o Provincia Oriental se manejó en forma
autónoma. No obstante, no se postula el año 1813 como data de la independencia
del Uruguay ().
Con las invasiones portuguesas cuyas
operaciones se iniciaron por agosto de año 1816 ()
bajo la aquiescencia del Directorio Supremo de Buenos Aires a la cabeza de Juan
Marín de Pueyrredón, la Provincia Oriental del Uruguay vería comprometida la
autonomía que había logrado alcanzar bajo el liderazgo del General José
Artigas, Jefe de la Liga Federal y Protector de los Pueblos Libres. Artigas y
sus soldados establecieron una dura resistencia, pero no pudieron contener el
avance portugués. Se precipitó el fin
de la época política de Artigas y de la Patria Vieja. Se iniciaría una
época de sojuzgamiento bajo un nuevo poder extranjero.
A pesar de que el dominio portugués, y el
brasileño que le sucedería a partir de 1822, contaron con muchos obsecuentes
orientales, otros albergaban la idea de poder desembarazarse de ese yugo y de
consolidar un orden político independiente para la Provincia.
La época de la
ocupación lusitana en la Provincia Oriental (1816-1822) fue tiempo de
sociedades secretas, a través de las cuales discurrió la verdadera pero oculta
trama de la política.
En ese período aparecieron
en la Provincia Oriental, desde 1821 denominada “Provincia Cisplatina” o
“Estado Cisplatino (alias Oriental)” ([4]),
ciertos grupos o verdaderos partidos que operaban caracterizados por su
proceder o actuación reservada, y definidos por sus posiciones políticas. Éstos
se encontraban entonces en referencia opositora o favorable (según su
tendencia) a los portugueses y luego brasileños, como el llamado “Orden o
Sociedad de Caballeros Orientales”, el “Club o Logia de los 19” o “Logia de la
Constitución”, el “Club del Barón”, la “Logia de los Aristócratas”, “los Aristócratas”,
“los Caballeros del Lazo Verde” o “Logia de los Imperiales”. En otros casos,
estaban formados por grupos de exiliados de otras tierras que intentaron hacer
su propaganda desde Montevideo, caso de los Caballeros Racionales (en una
eventual segunda época) o “Tercera Lautaro”, que luego se transformaría en la
“Sociedad de Amigos del País” y después en los “Caballeros Orientales”.
En realidad, todos
ellos eran partidos embrionarios de élite que se reunían por sus afinidades
políticas (pro-portugueses, pro-brasileños, pro-independentistas, o
“anti-Directorio” de Buenos Aires). Se trataban de facciones o de círculos de
poder e influencias organizados en forma discreta, llamados en su tiempo “Clubes”,
“Sociedades” o “Logias”. No está demostrado que hubieren sido organizaciones
masónicas ni que hubieren formado parte de la Masonería, a pesar de que la
leyenda vernácula y ciertos historiadores los caracterizaran como “Logias”,
“Logias masónicas” o “masonerías políticas”. Entendemos que resulta
sobrevaluada (por no decir errónea) la idea de que “En las luchas por la independencia [oriental], la Masonería sin duda estuvo omnipresente en el proceso” ([5]).
La Declaración
independentista del 29 de octubre de 1823 fue gestada por una de esas
agrupaciones logistas, la Sociedad u Orden de los Caballeros Orientales.
Importa entonces relacionar cómo se constituyó, qué organización poseía,
quiénes la integraron y cuáles fueron sus actividades.
Este grupo, conocido hoy como “Tercera Lautaro” para diferenciarlo como opositor del eje
formado por las Logias Lautaro de Buenos Aires y Mendoza (Segunda Lautaro,
desde 1816 rearticulada por el General José de San Martín bajo su influencia y
no más la de Alvear) bajo Juan Martín de Pueyrredón y José de San Martín
respectivamente, nucleó en Montevideo originalmente a antiguos partidarios de
Alvear, argentinos y chilenos exiliados en esa ciudad contrarios a Juan Martín
de Pueyrredón, a José de San Martín y a Bernardo O’Higgins, aunque con el
tiempo fue incorporando a orientales.
Tomás de Iriarte nos da cuenta de cómo operaba
a 1818 esta sociedad alvearista de Caballeros Racionales o Tercera Lautaro:
“Mi relación con Alvear [en 1818] se
estrechaba más cada día y estábamos perfectamente de acuerdo en trabajar para
derribar el gobierno de Pueyrredón; como yo tenía que regresar a Buenos Aires,
él debió calcular y no se equivocaba, que allí sería yo un buen agente para
trabajar en este sentido y así se franqueó conmigo y me propuso introducirme en
una sociedad secreta compuesta de patriotas enemigos todos de la administración
de Pueyrredón: yo acepté con gusto y fui recibido por Alvear, don Juan Larrea y
don Santiago Vázquez, otros cuatro individuos que también pertenecían a la
asociación, a saber, don Manuel Álvarez, don Francisco Martínez Nieto, don Juan
Zufriategui y don Ventura Vázquez, no concurrieron, pero después se me dieron a
conocer” ([9]).
La sociedad de “Caballeros Racionales” o
“Tercera Lautaro” de Montevideo era, en otro plano, también contraria a José
Artigas. Nuestro máximo Prócer conocía las actividades de estos “Caballeros”
que para 1819 comenzaban ya a conocerse como “Caballeros Orientales”, a quienes
despectivamente denominaba “Caballeros Andantes” o “la Gavilla de Albear en Montevideo” ([10]).
Los temores de Artigas eran fundados porque aparentemente, la sociedad
“Caballeros Orientales” en sus inicios “...trabajó en el sentido de la pacificación
del país, para evitar su desolación en una pequeña guerra inútil y ruinosa que
sostenían las partidas de Artigas. La tolerancia de Lecor, al permitir que
Alvear fundara una Logia en Montevideo, radicaba en la existencia de un enemigo
común al que había que eliminar: José Artigas” ([11]).
No eran artiguistas, pero
tampoco eran colaboracionistas; consideraban al dominio portugués una suerte de
mal coyuntural necesario, al menos por las circunstancias del momento. Algunos de sus miembros integraron el Cabildo montevideano de
1819, aquel que el 30 de enero de 1819 celebró con los portugueses el
controvertido “Tratado de la Farola” (),
caso de Juan Benito Blanco, Juan Francisco Giró, Lorenzo Justiniano Pérez,
Francisco Joaquín Muñoz y Manuel Vidal (Juan José Durán se mantuvo fiel a los
portugueses y luego a los brasileños).
Uno de los principales objetivos de esta
sociedad era, entre 1818 y 1820, derrocar al Directorio de Buenos Aires y
sustituirlo por sus propios adeptos. En otro aspecto, debido a que en 1819 se
conocía que desde España se preparaba una expedición reconquistadora para el
Río de la Plata, esta agrupación planificó acciones de resistencia para el caso
que se diera esa eventualidad.
IV. De la Sociedad u “Orden de Caballeros
Orientales”
Como manifestamos, a los “Caballeros
Racionales”, “Tercera Lautaro” o “rectius”, “la Anti-Lautaro de Buenos Aires y
Mendoza”, se fueron incorporando algunos orientales quienes con el devenir
pasaron a formar mayoría en la sociedad, al punto que con el tiempo el círculo,
cada vez más numeroso, pasaría a conocerse informalmente como los “Caballeros
Orientales”. Constituiría para 1819 un grupo con otra estructura y envergadura,
algo ya diferente. Arcos Ferrand, siguiendo a Juan Manuel De la Sota, nos
informa que habría sido:
“…fundada en Montevideo por el año 1819, según
todas las probabilidades; y si nos atenemos a la palabra autorizada del
historiador de la Sota…, la iniciativa de su establecimiento correspondió a don
Juan Zufriategui.
Don Lorenzo Justiniano Pérez… expresa
sobre este particular: ‘Como los orientales no gustaban de la dominación
portuguesa (alude al período comprendido entre los años 1817 y 1819), se formó
una sociedad secreta cuyo voto era trabajar con todo su saber y su fortuna para
expulsar a los portugueses del país; esta sociedad trabajó mucho, y mucho ha
contribuido para la expulsión de los extranjeros. En ella estaban todos los
patriotas de viso que residían en Montevideo; la sociedad tenía su archivo, que
encierra documentos muy importantes para la historia de nuestro país; todo
estaba en una caja de lata depositada en poder del finado don Manuel Vidal;
temo que se haya extraviado.’” ([13]).
Un valioso manuscrito anónimo, cuya autoría sería atribuible a
Santiago Vázquez, nos historia brevemente sobre los orígenes, propósitos y
actividades de la Sociedad u Orden de los Caballeros Orientales en 1819 y 1822,
planteando que Vázquez habría sido su fundador e inclusive el redactor de su
Reglamento. Transcribimos un fragmento:
“/1819/
El club patriótico
de Montev.o denominado de caballeros Orientales surgio de la gran L.
de los Lautaros establecida en Montev.o, y en disidencia con la que
existía en B.nos-Ayres. D.n Santiago Vasquez era uno de
sus antiguos miembros: y suyo fue el pensam.to dela ereccion de una
sociedad patriótica con la denominacion ya indicada: el confecciono el
reglamento que debía regirla. La sociedad no conocía la existencia de la L.
Lautaro, á que debía su origen: estaba clasificada en tres grados 1.º el de
Ancianos, 2.º Consejeros, 3.º caballeros orientales; p.o en los
grados inferiores se ignoraba la existencia de las gerarquias superiores. De
modo que bajo una tal estructura, se deja bien comprender que en todas las
deliberaciones prevalecía la resolución impulsiva y secreta de los grados mas altos;
y que eran, por lo
tanto, los lautaros los miembros directivos.= La ocacion por la instalación de
la sociedad de caballeros orientales, fue el anuncio de una espedicion de
tropas españolas que se preparaba en Cadiz con destino al Rio de la Plata; y el
alegato exclusivamente patriótico, -el de organizar el país y prepararlo á la
resistencia contra los invasores: pues se tenia por cierto que las tropas
portuguesas lo evacuarian cuando la espedicion
se presentase, mediante un convenio entre los gabinetes de Madrid y Rio
Janeyro.- Los lautaros reducidos a ocho en numero, eran, en la mayor parte,
emigrados Argentinos que no podían por entonces restituirse á su país natal, y
todos opuestos al Gobierno directorial. El pensamiento de la creación de la
nueva sociedad oriental, era eminentemente patriótico, y como se ha dicho,
exclusivamente original de Dn Santiago Vasquez. Este presidia la sociedad, y
daba dirección á sus trabajos con su consumada habilidad en este genero. De
modo que si la espedicion Española se hubiera presentado en estas playas,
habría encontradose con un gobierno patrio organizado en la campaña, y el país
todo preparado pa. oponerle la mas recia y tenaz resistencia.-
Algunos delos
miembros mas influyentes del cabildo estaban afiliados en la sociedad de
caballeros Orientales; y como el Genl. Lecor contemporizaba y dejaría á muchos
delos actos de aquella corporacion Municipal, la sociedad trabaja con gran
ventaja, tomando medidas preparatorias cuando llegase la epoca de las
hostilidades. Una de ellas fue la deportación de considerable numero de
españoles desexiliados, y militares fugados del deposito de prisioneros delas
Bruxas, quetodos trabajaban de consuno pa. auxiliar la espedicion con su
influjo y conocimiento practico de la tierra.
La sociedad trabajó
en el sentido de lapacificacion del país, pa. evitar su desolación mediante una
pequeña guerra inutil yruinosa que sostenían las partidas de Artigas. En esto
estaba perfectamente de acuerdo el Baron dela Laguna que segundaba aquellos
trabajos.” ()
Tomás de Iriarte nos cuenta cómo evolucionaría este grupo:
“Nuestra sociedad
secreta de Montevideo incrementó [en 1819]
de un modo considerable, e hizo adquisiciones entre los hijos del país de más
nota, adictos a la causa de la independencia. Esta reunión tomó una nueva
denominación, la de Caballeros Orientales; la mayor parte de los individuos del
Cabildo fueron iniciados: Giró, Muñoz, Blanco (Don Juan Benito y don
Silvestre), Lecocq (don Gregorio y don Francisco), Vidal (don Daniel y don
Manuel), don Francisco Aguilar, Visillaga, Cullen, don Lorenzo Pérez, don
Manuel Oribe y otros muchos orientales fueron introducidos; esta sociedad se
componía de tres clases o grados, el iniciado era instalado en clase de
Caballero Oriental, seguía el grado superior inmediato de Consejero y por
último el de Anciano, pero la estructura de la sociedad era tal que los del
grado inferior ignoraban la existencia de una clase superior, y de este modo
los miembros de la antigua gran Logia, porque nos reuníamos en privado y
nuestra sanción daba después la ley, porque nos era fácil conquistar el voto de
algunos miembros de los Ancianos, y por consiguiente sucedía que reunidos con
éstos, obteníamos la mayoría, de modo que cuando nos incorporábamos con los
Consejeros para deliberar ya llevábamos la votación ganada, y así,
sucesivamente para la reunión con el grado inmediato inferior, así: los orientales
que no conocían el secreto de la gran Logia: seguían su impulso sin poderlo
evitar ni sospecharlo. Los miembros de la gran Logia éramos Alvear, Vázquez,
(don Santiago y don Ventura), Zufriategui (don Juan), Larrea y yo. Como no se
dudaba de la venida de la expedición española, teníamos formado nuestro plan
para salir a la campaña en cuanto desembarcaren, y establecer un gobierno
patrio para administrar el país y dirigir la guerra contra los invasores. El
general portugués Lecor contemporizaba mucho con el Cabildo de Montevideo,
porque este cuerpo en cierto modo representaba los intereses de la provincia…”
([15]).
En 1820 este grupo se articuló bajo
una “Sociedad Secreta de Amigos del País”
(aunque ya comenzaban a ser conocidos como “Caballeros Orientales”), con un
límite estatutario de “cuarenta
miembros escogidos entre los patriotas que hayan dado pruebas inequívocas de su
adhesión al sistema representativo que reúnan las calidades de luces y una
firmeza conocida por hechos públicos y privados”, y con un sistema de tres Grados: “Ciudadanos Libres” (primer Grado),
“Patriotas Distinguidos” (segundo Grado) y “Altos Elegidos” (tercer Grado). Se
proponía “Remover todos los obstáculos que puedan oponerse a la
reinstalación de las instituciones liberales de la Provincia de Buenos Aires [aunque operaban organizados en
Montevideo], promoviendo, aunque por
medios indirectos, los de las provincias hermanas. Propagar la buena doctrina
de modo que se sientan sus efectos en las últimas clases del Pueblo. Sofocar el
germen de la anarquía; infundir amor al orden y respeto a las leyes; fomentar
la ilustración pública; perseguir el régimen arbitrario: impedir la reaparición
de la dictadura; proscribir el proselitismo religioso, y proteger la religión
del Estado: propender a afianzar las garantías sociales haciéndolas efectivas;
recompensar el mérito; amparar la virtud desvalida. En fin, esforzarse en
cuanto penda de su influjo y poder moral, para mejorar la condición de los
compatriotas en particular y de los hombres en general”. Entre los papeles archivados de Tomás de Iriarte se conserva su
Reglamento, donde constaba su organización, ritual de iniciación, juramentos,
signos de reconocimiento, catecismo y penalidades, como también su alfabeto y
vocabulario crípticos ().
En sus “Memorias” y en sus “Glorias
Argentinas”, el General Tomás de Iriarte nos brinda mayores referencias
sobre cómo actuaba en 1821 esta sociedad a quien denomina como “la sociedad secreta de Caballeros Orientales”,
“la sociedad de Caballeros Orientales”,
“sociedad secreta” o “Club patriótico”. Especialmente en sus “Memorias” nos da cuenta que funcionaba
como un típico Club selecto en donde se fueron profundizando las conversaciones
y conspiraciones independentistas:
“Al aproximarse el
invierno para hacer más soportables sus largas noches, nos reunimos varios
amigos, pertenecientes todos a la sociedad secreta de Caballeros Orientales…
Adquirimos una casa, se estableció en ella una mesa de billar, mesas, sillas, y
en fin todos los utensilios necesarios. Todos los socios contribuimos con
nuestros libros para formar una biblioteca, y nos subscribimos a un crecido
número de periódicos americanos y europeos. Allí pasábamos noches muy
divertidas jugando al billar, a la malilla, mediator, etc., y leyendo el que
era más aficionado que a los juegos carteados porque otros no se permitían. No
tenían entrada más que los subscriptores, que como he dicho pertenecían a la
sociedad secreta. Ésta celebraba allí sus sesiones algunos días; y cuando no
trabajábamos en cuerpo, podían ser introducidos algunos amigos, pero éstos
necesitaban una expresa invitación, y ser acompañados por uno de los socios. La
cantidad que mensualmente pagábamos era muy módica, dos o tres pesos. Expresaré
los nombres de que puedo acordarme: don Santiago Vázquez, su hermano el coronel
don Ventura, don Juan Zufriategui, el general [Carlos María de] Alvear, don Juan [Francisco] Giró, don Francisco Muñoz, don José
Aguilar, don Juan Benito Blanco, don Lorenzo Pérez, don Manuel Vidal, don
Manuel Oribe, y otros muchos que no recuerdo.” ([17]).
Iriarte mencionó
asimismo que integraban la Comisión Directiva de los “Caballeros Orientales”
Santiago Vázquez (quien la presidía), Juan (Francisco) Giró y Diego Benavente,
y que cuando sus actividades comenzaron a trabajar por la independencia de la
Provincia, el mismo Iriarte fue comisionado para hablar en Buenos Aires con
Bernardino Rivadavia en búsqueda de apoyo ([18]).
De Gandía (quien llamó a los Caballeros
Orientales como los “Caballeros de la
Libertad”), Arcos Ferrand, Fernández Cabrelli, Dotta Ostria, Flavio García
y Lagomarsino Pezzali proporcionan una lista más amplia de estos “Caballeros”.
Resulta de ello una amplia nómina de integrantes, a saber: Francisco Aguilar,
Atanasio Aguirre, Agustín de Aldecoa, Julián Álvarez, Carlos de Alvear, Antonio
Acuña, Francisco Solano Antuña, Francisco Araúcho, Rufino Bauzá, Diego
Benavente, Silvestre Blanco, Prudencio Blanco, Juan Benito Blanco, Silvestre
Blanco, Pedro Francisco Berro, Pedro Calatayud, Carlos Camusso, Ramón Castriz,
Manuel Cifuentes, Domingo Costa, Domingo Cullen, Ramón Cullen, Antonio de
Chopitea, Antonio Díaz, José Ellauri, León Ellauri, Rafael Ellauri, Román o
Ramón de Acha, Cristóbal Echevarriarza, Manuel Errazquin, Baltasar Gayoso,
Francisco Gil, Juan Francisco Giró, Pablo Giró, Roque Graseras, Tomás de
Iriarte, Atanasio Lapido, Francisco Lecocq, Gregorio Lecocq, Pedro Lenguas,
Ramón Masini o Massini, Agustín Murguiondo, Prudencio Murguiondo, Francisco
Joaquín Muñoz, Pablo (o Pedro) A. Nieto, Francisco Oribe, Ignacio Oribe, Manuel
Oribe, Gabriel Antonio Pereira, Gregorio Pérez, Lorenzo Justiniano Pérez, Luis
Eduardo Pérez, José María Platero, Carlos de San Vicente, Rafael Sánchez
Molina, Santiago Vázquez (o Vásquez), Ventura Vázquez (o Vásquez), Daniel
Vidal, Manuel Vidal, Miguel Antonio Vilardebó, José Félix Zubillaga, Juan
Zufriategui y Pablo Zufriategui ([19]).
Nicolás Herrera (antiguo integrante de la Tercera Lautaro, pasado al bando de
los portugueses y luego de los brasileños) afirmará que “Los que han permanecido a banderas desplegadas por la anarquía son los
Vasquez, los Oribes, Juan Benito [Blanco], Aguilar, Gallego Diaz, Iriarte el hijo de la Somalo, Murguiondo, los
bichos del Cavildo y varios Españoles del Cons.o que V. no lo
creería. Ventura Vasquez e Iriarte son los emisarios q.e van y
vienen de Bs Aires qe convinan sus planes con los corresponsales de ella…”;
pero también identificó a “Lorencito
Perez, Muñocito [Francisco Muñoz]”
o a “Juan Benito Blanco, Lorencito Perez,
Juan Giró”, calificándolos como “…los
hombres mas picaros del país, y dirijidos pr. nuestro Dn Carlos Alvear que
desde allá embia sus decretos y emisarios” ([20]).
Otro integrante de los “Caballeros Orientales” fue Bernardo Prudencio Berro,
quien se inició en esa sociedad juvenilmente ().
No todos estos Caballeros eran “Orientales”.
Benavente y los Vidal eran chilenos. Otros, como Alvear, Julián Álvarez,
Iriarte y Sntiago Vázquez (en realidad
su apellido era “Vásquez”), eran argentinos. Aguilar, Camusso, Castriz, los
Cullen, Díaz, Echevarriarza, Prudencio Murguiondo, Vilardebó, eran españoles
(es menester precisar que había descontento entre los pobladores españoles de
Montevideo con Lecor). Massini (o Masini) era de origen italiano.
De acuerdo a De la Sota y a Arcos Ferrand
(transcribimos a este último), “De progreso en progreso, la sociedad fué
tomando verdadero incremento, pues el número de sus afiliados, a estar a las
indicaciones de De la Sota, llegó en poco tiempo a doscientos, ‘los más de
ellos pudientes, gran parte de extranjeros, ingleses, españoles y franceses’” ([22]).
En una carta del 13 de abril de 1823 dirigida a Lucas Obes, Thomas García de
Zuñiga (“Syndico Procurador Geral do
Estado Cisplatino”) caracterizó a estos como “aquellos mismos Españoles de Montevideo que estaban expatriados que
volvieron a la plaza bajo la protección de las armas portuguesas, y que
recibieron del Gobierno Portugues todos sus bienes que se hallaban confiscados
por D.n Jose Artigas, son los mas entusiastas enemigos de la causa
del Brasil que unidos á la faccion de los anarquistas ofrecen sus personas y
bienes para hacer una guerra cruda á las Tropas Imperiales; y arrancar de la
Confederación del Imperio esta Provincia, cuya ocupacion y conservacion ha
costado tanta sangre y dinero á la Nacion Brasilica” ([23]).
Estos Caballeros
Orientales también serían conocidos como “los
Independentistas” ([24])
o “los Independientes”, porque así
era su tendencia. Los “Caballeros
Orientales” operaron desde la reserva mancomunando talentos de los más
preclaros independentistas de la élite montevideana de entonces, resistiendo
sordamente la ocupación portuguesa y luego la brasileña.
Muy activos pero solapados revolucionarios, en
ese entonces muchos de ellos iban y venían a o desde Buenos Aires tendiendo
nexos y haciendo preparativos, en pro de la causa oriental “patria”.
V. El panorama político en la Provincia
Oriental o Cisplatina hacia 1821. Los Caballeros Orientales prosiguen sus
“trabajos”, ahora con un nuevo propósito
Hacia el año 1821, el escenario político del
Río de la Plata había cambiado drásticamente.
La temida expedición reconquistadora española
se había frustrado al haberse desarticulado tras el Pronunciamiento del General
Rafael del Riego (Las Cabezas de San Juan, cerca de Sevilla, 1º de enero de
1820). España ya no representaría más un peligro para la región.
El Directorio de Buenos Aires (en ese momento
bajo José Rondeau -Pueyrredón había renunciado el 11 de junio de 1819-) había
caído vencido por los caudillos artiguistas argentinos tras la batalla de
Cepeda (1º de febrero de 1820), pero el Pacto o Tratado del Pilar que se firmó
el 23 de febrero de 1820 entre Manuel de Sarratea, Estanislao López
(santafesino) y Francisco Ramírez (entrerriano) desmarcó a estos dos últimos de
José Artigas, e inauguraría en las Provincias Unidas una época de anarquía e
inestabilidad institucional.
Aprovechando todo ese revuelo, y con sus
ambiciones puestas en querer obtener el poder en Buenos Aires y las Provincias
argentinas, Carlos María de Alvear cruzó desde Montevideo a Buenos Aires el 25
de marzo de 1820. La Sociedad de los Caballeros Orientales de Montevideo
pasaría a quedar desde entonces bajo el liderazgo de Santiago Vázquez.
José Artigas, ya inútiles sus esfuerzos contra
los invasores portugueses, derrotado por Francisco Ramírez y traicionado por
Estanislao López, se retiraría el 5 de setiembre de 1820 al Paraguay. Los
portugueses adquieren así el control sobre la Provincia Oriental.
Bajo la dominación portuguesa, en el Congreso
Cisplatino, convocado por el Barón de la Laguna Carlos Federico Lecor (Le-Cor)
y que sesionó en Montevideo con una camarilla digitada por él mismo entre el 15 al 31 de julio de 1821, el día 18 de
julio de ese año se votó la anexión de la Provincia Oriental al imperio
portugués, pasando a denominarse “Provincia Cisplatina” ().
A pesar de ello, no
se ocultaba que entre las clases dirigentes locales había cierto descontento
contra las autoridades portuguesas: se consideraba que su dominio no había
logrado traer la paz y la estabilidad que se precisaba para el desarrollo. En
realidad, los lusitanos no habían logrado consolidar su poder en el territorio
oriental. Controlaban las ciudades de Montevideo, Maldonado, Colonia, Soriano, San
José, Florida y Guadalupe (ciudad de Canelones), pero no conseguían imponer su
voluntad en la campaña, donde solían suscitarse ciertas resistencias provocadas
por rebeldes “tupamaros”, como se les denominaba a esos levantiscos
orientales. Los propios militares invasores se sentían extraños en el suelo
oriental, además de que sufrían atrasos importantes en el pago de sus
salarios.
En este contexto
histórico tan complejo y caótico, bajo la dirección de Santiago Vázquez los
Caballeros Orientales incrementaron sus articulaciones secretas, y sus
aspiraciones comenzarían a reperfilarse hacia una meta muy particular: la
obtención de la independencia nacional o si se prefiere, de la Provincia
Oriental, del dominio portugués, y la asociación a las Provincias argentinas a
pesar de su inestable situación política.
Es necesario precisar que los Caballeros
Orientales fueron una sociedad constituida exclusivamente por varones;
como era normal en su época y en estas latitudes, especialmente en grupos que
se reunían por la noche (propio de las sociedades secretas o discretas). Dicho
sea esto, para desmitificar cierta errónea información de que estaba “integrada
por hombres, aunque hubo también algunas mujeres” ().
Cierto es que hubo mujeres patriotas que hicieron mucho por la causa
independentista, siendo María Josefa Oribe y Viana de Contucci (hermana de Manuel Oribe, y conocida en esa
época como “Pepita la tupamara”) quien más se destacó por esos tiempos;
pero ellas actuaban por su cuenta y esfuerzo, con gran valentía por supuesto,
ocasionalmente colaborando con otras personas o requiriendo de ellas, pero
jamás formando parte de los Caballeros Orientales ninguna de estas mujeres.
Una de sus primeras acciones fue tratar de
enquistarse entre las autoridades del Cabildo de Montevideo, hacia 1821
netamente “pro-portugués”. Lo cual lograrían al año siguiente, 1822, “para
emprender la obra de su libertad, poniendose de acuerdo…” ().
Esta “pequeña
facción de anarquistas de Montevideo”, “logia
de anarquistas de Montevideo” o “una
facción… dueña de los destinos de la Republica” logró colocar a sus
miembros en el Cabildo de Montevideo, o en su caso captarlos para secundar los
propósitos de los Caballeros Orientales. “La
sociedad de Vasquez pudo influir en los Sres. Echevarriarza, Gabriel Pereyra, y
Aldecoa…” ([28]).
Los capitulares del Cabildo de Montevideo 1822 y del Cabildo de Montevideo de
1823, este último integrado por Manuel Pérez, Pedro Francisco Berro, Pedro
Vidal, Luis Eduardo Pérez, Francisco Plá, Román de Acha, Francisco de las
Carreras, Silvestre Blanco, José María Platero, Ramón Castriz y Juan Francisco
Giró ([29]),
se encontraban en su mayoría vinculados a los Caballeros Orientales.
En el año 1822 los Caballeros Orientales
intensificarán desde Montevideo el esfuerzo independentista, intentando
llevarlo hacia toda la Provincia y procurando aliados para su causa.
Data de este año de 1822 un manuscrito, que se conserva incompleto, de
la “Constitucion Orgánica del Orden de
Caballeros Orientales” ([30]).
Evidencia que esta sociedad, sin ser masónica, tenía una organización parecida
a las Logias de la Masonería: “era una sociedad secreta estructurada sobre
el modelo de las asociaciones masónicas” ().
El “Orden de
Caballeros Orientales” se organizaba en esta “Constitución…” bajo
una “Gran Sala” que reunía a todos los miembros que se conocían como “Compañeros”.
La Gran Sala tenía como “Oficiales” a un “Presid.te,
Vice Presidente, Orador 1º y 2º, Secretarios 1º y 2º; Tesorero y Ayudante,
Archivero, Maestro de Ceremonias, y Supernumerarios, que por su merito ó
servicios se crean convenientes” (que si bien se
elegían por la Gran Sala, se extraían de las Cámaras), y sesionaba entre “Columnas”. A su vez, la Gran Sala se dividía entre “Jóvenes”
y “Cámaras”. La más importante de estas Cámaras era la “Cámara de
Ancianos”, que con la “Cámara de Consejeros” formaba la “Cámara
de Consejo”. Vale decir que la Sociedad u Orden de los Caballeros Orientales
funcionaba bajo un sistema de tres grados: “Jóvenes” o “Caballeros”,
“Consejeros” y “Ancianos”, siendo este último el de mayor nivel,
con leves diferencias del sistema de tres Grados que ya previa el Estatuto de
la “Sociedad Secreta de Amigos del País” de 1820 (),
y de dos Cámaras (la Gran Sala que reunía a todos, y la Cámara de Consejo que
reunía a los Ancianos y Consejeros) semejante al esquema de la “pequeña Logia”
y “gran Logia” con que actuaba la Logia Lautaro en sus diferentes épocas ().
Los integrantes de los grados inferiores desconocían quiénes integraban los
grados mayores.
VI. Repercusiones
del Grito de Ipiranga y de la creación del Imperio del Brasil como Estado
independiente. Un cambio de rumbo para los Caballeros Orientales, y una
oportunidad para activar una Declaración de Independencia en nuestras tierras
Un inesperado evento para estos lares traería
nuevos rumbos a la acción de los Caballeros Orientales: la proclamación de la Independencia del Brasil tras el Grito de Ipiranga del 7 de setiembre de 1822 y la entronización de Pedro I como su Emperador (12 de octubre de 1822; sería coronado como tal más tarde, el 1º de diciembre de ese año). Ese acontecimiento generó partidarios y resistencias, y ello repercutió en la Provincia Oriental o Cisplatina que ahora pasaba a ser una Provincia del Imperio brasileño, inclusive entre los invasores.
Los militares ocupantes se dividieron en dos facciones, que inclusive llegaron a luchar bélicamente entre sí:
a) por un lado, el grupo de pro-portugueses (partidarios de mantenerse bajo Portugal), liderados por el Brigadeiro Álvaro Da Costa, nucleados bajo la “Logia de los 19” o la “Logia de la Constitución” (creada por marzo de 1821) de la División o Cuerpo de Voluntarios Reales de El Rei o Talaveras, con base en Montevideo; y
b) los partidarios del Barón de la Laguna Carlos Lecor (quien optó por el Imperio brasileño), que se nuclearon cívico-militarmente como los “Hombres del Lazo Verde”, “Caballeros Comendadores de la Orden del Lazo Verde” o “los Imperiales” (Fructuoso Rivera, quien sería ennoblecido por el Imperio brasileño como “Barón de Tacuarembó”, formaría parte de los militares pertenecientes a estos últimos). Durante estos tiempos Lector debió retirarse a Guadalupe (Canelones) y luego a San José, desde donde intentó afianzar el dominio del Imperio.
Lecor se retiraría a la campaña y se instaló
el 17 de setiembre en Guadalupe (actual ciudad de Canelones), con el propósito
de afianzar su autoridad y desde allí hostilizar a Montevideo y a la facción
pro-portuguesa. Mediante una Orden del 25 de setiembre, el Conselho Militar designó
a Da Costa como Comandante Interino de la “División de Voluntarios Reales
d'El Rey”, y se lo comunicó a Lecor, quien la rechazó el 27 de ese mes ([34]). El 12 de octubre de 1822, el Barón de la
Laguna Carlos Lecor declararía la anexión de la Provincia Cisplatina al Imperio
de Brasil, aclamando a Pedro I como su Emperador. Las fuerzas portuguesas de
los Voluntarios Reales de El Rei o Talaveras al mando del General Álvaro Da
Costa, quien presidía el Conselho (Consejo) Militar (conocido como la “Logia de
los 19” o la “Logia de la Constitución”) y leales a la corona portuguesa, no
adhirieron la proclama lecorista y se hicieron fuertes en Montevideo. En enero
de 1823, Lecor instalaría su gobierno con sus conmilitones en San José.
El Cabildo de Montevideo y los Caballeros
Orientales habían encontrado, ante esta división de los invasores, una
oportunidad para articular con mayor ahínco su labor independentista. Al 19 de
setiembre de 1822, el Cónsul General y Agente de Negocios de Brasil en Buenos
Aires António Manoel Corrêa da Câmara, ya conocía que los “Membros do Club
de Monte Video haviáo resolvido declarar a desmembraçáo de Monte Video com o
Brasil para o unir no despois ás outras Provincias da Prata” ([35]).
“Los miembros mas influyentes del cabildo
se ha dicho anteriormente que estaban afiliados en el Club patriótico ().
Esto era importantísimo, por ser el cabildo, en virtud de los tratados
celebrados en 1817, la única autoridad patria que los portugueses reconocian y
con la que directamente se entendiesen. Tenian estos conocido interes político,
cuyo alcance es facil comprender para llevar adelante la decepcion en aparentar
deferencia al cabildo. Esta corporacion no limitaba su accion al egercicio de
sus atribuciones municipales; en ciertas ocasiones funcionaba como cuerpo
representativo.” ([37])
Por
su parte Da Costa procuró el apoyo del Cabildo de Montevideo, haciéndoles
entrever que podía verificarse la desocupación de la ciudad y que los
orientales quedarían con el control del territorio ([38]).
Esto daba esperanzas a la Sociedad de Caballeros Orientales, de que podía tener
éxito su empresa emancipadora.
“La sociedad de Caballeros Orientales de
que yo era miembro, abrió sus sesiones y empezó a trabajar. Temíamos y
repugnábamos tanto la dominación brasileña como la portuguesa, pero estabamos
bajo la férula de éstos, y era de necesidad disimular nuestros conatos a la
dominación.” Aunque estratégicamente se posicionaron más de los portugueses
“porque estos estaban de tránsito; pues los brasileros ya se dejaba ver que,
como vecinos continentales, aspiraban al dominio perpetuo.” ([39])
“/1822/
Pero mas tarde
cuando el brasil se emancipó, ysobrevino la disidencia entre las tropas
brasileras y portuguesas que ocupaban el territorio oriental, la sociedad
renovó sus patrioticos trabajos y el Cabildo de Montev.o envió su
primer comisionado (Iriarte) cerca del Gob.no de B.s
Ayres endemanda de auxilio yproteccion.” ()
Ante tal división de los militares de la ocupación, los Caballeros Orientales encontraron una oportunidad para activar su propósito independentista, e intentaron en los años 1822 y 1823 capitalizar estas desavenencias entre Lecor y Da Costa (quien se mantendría fiel a la Corona portuguesa desde el Conselho Militar y desde la “Divisáo
dos Voluntarios Reaes d'ElRei em Montevideo”).
Santiago
Vázquez convocará a todos los Caballeros Orientales para pronunciarse contra el
Imperio ([41]),
levantándose así una gran efervescencia libertadora. Un suelto del 22 de
octubre de 1822 promovió la convocatoria a un Cabildo Abierto en Montevideo
para “acordar la forma de gobierno, que
afiance la seguridad individual, la de la propiedad, y haga poner en vigor los
derechos usurpados á los dignos orientales, por una faccion que dirijió la
reunion de un congreso nulisimo en todas sus partes” ([42]).
Desde
Buenos Aires, Alvear formula a Santiago Vázquez en noviembre de 1822 algunas recomendaciones,
aconsejándoles pedir ayuda en Argentina a través de Tomás de Iriarte, apoyarse
en los españoles montevideanos descontentos, en la División de Voluntarios
Reales portugueses y en los elementos de la campaña ([43]).
Había una posibilidad de que el gobierno de Buenos Aires pudiera auxiliar en
cuanto no comprometiera su tranquilidad, y esto inspiró aliento a los
Caballeros Orientales ([44]).
Los Caballeros Orientales mantuvieron
cordiales contactos y relaciones armónicas con el llamado “Club” o “Logia de
los Diecinueve”, el grupo de oficiales portugueses liberales y
constitucionalistas de la División de Voluntarios de El Rei ([45])
liderados por Álvaro Da Costa, contando con que éstos no se opondrían a los
trabajos de los Caballeros Orientales ([46]).
A su vez, Da Costa se apoyaba en los
Caballeros Orientales. De hecho se sostenían mutua y coyunturalmente atendiendo
intereses comunes (Manuel Oribe, integrante de los Caballeros Orientales, había
obtenido el grado de Sargento Mayor del Brigadeiro o General Álvaro da Costa,
integrante eventual del “Club de los Diecinueve”, y peleó bajo sus órdenes
durante los diferendos entre Da Costa y Lecor). Nos cuenta Anaya que:
“El Gral. D. Albaro [Da Costa],
no podía expedirse sin la cooperación de los Patriotas Orientales que encerraba
Montev.o, y aprovechando la ambicion del nunca olvidado D. Santiago
Vazque [sic] que se hallaba allí
desterrado de B.s A.s y otros patriotas amigos, apoyados
del Cabildo, levantaron su eco de libertad é independencia á la Sombra dela fuerza
de D. Albaro da Costa, uniendose á sus resistencias, y que les brindaba la
ocacion de ver fraccionada la fuerza Estrangera. Asi fue que abrazaron la grra.
contra Lecor p.a luego sacudirse de ambos dominadores, poniendo á su
cabeza al Sargento Mayor, entonces, el muy Valiente D.n Man.l
Oribe, que hizo progresos con su Espada.” ([47]).
Paralelamente, procuraron los Caballeros
Orientales contactar el apoyo de las provincias argentinas enviando como
emisarios a Tomas de Iriarte y a Ventura Vázquez a Buenos Aires, Entre Ríos y
Santa Fe, intentando contactos logiales. Nos enseña De la Sota:
“Trascendida la convinacion y aclamación de D. Pedro 1º Emperador
y Defensor Perpetuo del Brasil los Caballeros Orientales entraron en
correspondencia con el Gob.no de B. Ay.s y en relación
con la Lojia Arjentina, tentando los medios de unirse á la Carbonaria á que
pertenecía el Consejo Militar, con el objeto de sobreponerse á la influencia de
la Brasilera. Fue entonces pronunciada y pública la opinión del Gral.
Argentino, que se hallaba emigrado en Montev.o D. Carlos Maria de
Alvear…, la de los SS. D.n Santiago y D. Bentura Vazquez, D. Manuel
y D. Ignacio Oribe y D. Juan Benito Blanco, Orientales, la de D. Fran.co
Aguilar, Canario: la de Ant.o Diaz y de Prudencio Murguiondo
Españoles y la de D. Tomas Iriarte: siendo este y D. Bentura Vazquez con los
que iban y venían de Buenos Ay.s p.a la convinacion delos
planes de la sociedad de Orientales.
Ella
pudo influir en el Cabildo de Montevideo y hacer que los SS. D. Cristobal de
Echevarriarza, D. Gabriel Pereyra y D. Agustin Aldecoa escribiesen un papel
contra la conducta del Gral. Lecor que publicado por la prensa fue delatado por
alg.os al Intendente D. Juan Jose Durán, como anarquico y capaz de
comprometer la seguridad del pueblo. Puesto en conocimiento de Lecor, pidió al
Cabildo explicarse el concepto y sentido de sus espresiones. El Cabildo se negó
á hacerlo, pues ya se hallaba dispuesto á sacudir la dominacion extranjera” ([48]).
De este modo, Iriarte
se reunió con Bernardino Rivadavia (en aquel momento Ministro de Gobierno y de
Relaciones Exteriores del gobierno de Buenos Aires), quien tenía vivas
simpatías por la causa de la reincorporación oriental; una declaración del
gobierno de Buenos Aires de apoyar la independencia oriental había inspirado
ánimos al “Club de los Caballeros
Orientales” ([49]).
Intentaron
también conseguir el apoyo del entonces Gobernador de Entre Ríos Lucio Mansilla
([50]).
Pero Rivadavia
ponderaba el riesgo de que apoyar a los orientales era todavía apresurado, y
que significaría exponerse a romper con Portugal y el Brasil cuando no estaba
aún vencido el poder de los españoles; esta política de prudencia era
acompañada por el Ministro de Hacienda Manuel José García y el Gobernador de
Buenos Aires Manuel Rodríguez.
“Rivadavia mostró al coronel Iriarte sus sentimientos personales, le
significó que el Gobierno argentino no podía asumir la responsabilidad de un
paso como el que se le pedía mientras los orientales no instituyeran una
autoridad con poderes bastantes para proponer y acordar la reincorporación,
pues el Cabildo actual no los tenía; y, propendiendo á facilitar el resultado,
agregó que si el brigadier da Costa entregaba la plaza al Cabildo y éste se unía
á los propósitos de los ‘Caballeros Orientales’, en tal caso tropas argentinas
pasarían á ocupar la ciudad de Montevideo. Rivadavia autorizó al coronel
Iriarte para que propusiera esto mismo al brigadier da Costa y le ofreciera
para él y sus tropas buques de transporte hasta Europa, corriendo los gastos de
viaje por cuenta del Gobierno de Buenos Aires.”; “La sociedad secreta y el
Cabildo recibieron con desaliento la respuesta de Rivadavia, por lo difícil que
creían satisfacerla. Pero intentaron allanar las dificultades. Se dirigieron á
varios jefes y otras personas influyentes de la campaña incitándoles á que se
rebelaran contra Lecor, y se empeñaron con algunos portugueses de la ciudad
porque decidieran á la Junta militar presidida por don Alvaro [da Costa], á verificar la entrega de las llaves como término de la ocupación
provisional. Fueron ineficaces estos pasos, no obstante haber motivado la
sublevación de Juan Antonio Lavalleja y una parte de las fuerzas que mandaba.”
([51])
En sendas cartas del 18 de
noviembre de 1822 y del 25 de noviembre de 1822 de Iriarte y Alvear a Santiago
Vázquez, éstos le hacen saber que Buenos Aires no había decidido la prestación
de ayuda a la Provincia Oriental atendiendo a que “no havia necesidad de atropellarse con riesgo de correr el albur de una
espantosa anarquía” y a que se había actuado precipitadamente ([52]).
Por su parte, Lucio Mansilla entendió que si bien
Entre Ríos debía coadyuvar, recomendaba a los orientales por el momento “Dejad llenar la medida; aun no es tiempo de
sacar todavía la espada” ([53]).
El Consejo Militar de Montevideo filoportugués presidido por Da Costa consideró
la proposición, pero contestó que no podría resolverlo sin consultar a Lisboa y
que mantendría la ocupación hasta que llegaran las instrucciones ([54]).
En carta del 25 de enero de 1823, Silvestre Blanco reconocerá a “Gerónimo
Alcalá” (Bernardino Rivadavia) su apresuramiento ([55]).
Fogonear los
propósitos de independencia no estaba resultando sencillo, porque no se
concretaban apoyos concretos, internos y externos, de importancia. Un escrito
satírico de quien se identifica como “El
Brujo enemigo de indirectas” festejaba el poco éxito de los Caballeros
Orientales:
“Hermano mio ¿tu sabes
lo que has hecho? ¿Sabes en que verenjenal te has metido? ¿Dime, eres loco ó
diablo? ¿Es posible que aquel tino que has manifestado siempre con el compas en
las manos, en todas nuestras reuniones, haya venido abajo con tu disparatado
papelucho? Reflexiona, y verás, que has echado por tierra nuestro plan añejo, y
gran secreto. Faltastes á la circunspección exterior, tan encargada en nuestro
código, y lo peor es, que han pintado tal cual es el carácter de todo nuestro
respetable club. ¡Quien al leer tu maldita conversacion no dirá esta es una
obra neta y netisima de los pobretones duendes, que handan buscando donde
vestirse? Quien viendo el modo bajo con que alabas á la división, y Vicentinos
no, exclamará: sape gato, que estas papas queman; que lo diga el Hervidero,
nuestras bolsas, y la cárcel (ya tu sabes lo que hemos hecho.)
¿Dime hermano de dos mil demonios, te parece bien esto
para la logia? ¿Podria hacer mas un enemigo? No creas que son cavilaciones de
tu amigo el brujo, te lo digo por que lo he oído á muchos, y saben que siempre
he sido un hermano de los mas zelosos por nuestro proyecto. No es discreción
manisfestar las cosas como tu lo haces pan, pan: ya se acabó ese tiempo, es
menester hacerlo piar, pianito, con sigilo, y como quien no quiere la cosa,
usar con frecuencia de las seductoras palabras, derechos de la Provincia, patriotas,
patriotismo, sino todo, todo se lo llevó el diablo; los que tienen, se quedarán
con lo que tienen,y nosotros siempre seremos piojosos.
A que viene aquello de dar cruces á troche y moche,
sin tener presente dos circunstancias que hai en el caso; la una es, que muchas
de las cruces que das por burla, pueden ser deveras, y tu, yo, y toda la logia
nos quedarémos con la boca abierta diciendo, a-ma-laya, y teniendo que sufrir
nos las refreguen por nuestros redondos hocicos. Es menester que hablemos en plata,
esto es derecho viejo, como dicen los paisanos; para tocar estas materias
debemos tener presente que también nosotros hemos sido dados por titulos y
cruces; que hai hermanos que la lograron, y sino las hubiéramos perdido en
puertas, la logia se hubiera vuelto calvario: acuérdate de nuestro siglo de
oro, cuando pensó coronarse el nuestro nunca bien ponderado Maestre del general
Orian, que hubo uno de los hermanos, que aspiró á ser duque y por eso le
quitaron aquel maldito baston que siempre entraba á vanguardia por las cajas;
la segunda parte que siempre es la mas lastimosa, es que estoi viendo que de
resultas de tu cruzamiento nos pueden cruzar el cuerpo, y hacernos decir, tio
yo no he sido, y nos quitarán las ganas de conversar.
Estos son los sentimientos de un amigo que te estima,
que tiene tus mismas ideas, pero que quiere nos las traslusca el público como
son, sino como queremos las crea. Todavia me acuerdo que por algunos hermanos
como tu de poca espera, y poco seso, tuvimos que salir matando de Buenos Aires:
estos malditos manifestaron antes de tiempo nuestro gran secreto cometiendo
muchachadas, y aquel pueblo que no aguanta pulgas, y ha amado siempre sus
derechos nos echó rodando: ahora que hemos tenido la suerte de llegar á uno que
en la tolerancia se asemeja á el marido de la cabra, no debemos abusar, porque
también estos animalitos, topan cuando se les hostiga.
El
Gran Maestre [Santiago Vázquez] ha
recibido noticias de oficio del encargado de negocios, que despachamos á Buenos
Aires y parece que nada sacamos, por ella veremos lo que resulta de lo que
remitimos por el despacho: Duende, Duende más te vale estar duermes; hai
ciertas cosas como tu bien sabes que cuanto más se revuelben, más hieden, ya
has visto á el rolliso como nos ha sacado nuestras primeras camisetas á el
viento; todo por tu imprudente y frio insulto: hai muchos hermanos que no han
podido chupar el tabaco de puro fuerte; toda la lógia está contra ti, y sino
todos te lo dicen, es, porque no te aman con la ternura del brujo: este quiere
que allá entre tu levita, conoscas, que has hecho mal, y no vuelvas á conversar
porque no lo entiendes; mira, para escribir en nuestras cacas, porque hai gente
que nos conocen, y al pasar se tapan las narices.
Yo espero, que pesando bien mis razones no me vuelvas á dar el
trabajo de otro sermon, pues entonces no me subscribiré como ahora tu hermano y
amigo.- El Brujo enemigo de indirectas.” ([56])
Esto no desanimó a los Caballeros Orientales y al Cabildo de Montevideo (cuyos más influyentes miembros pertenecían a los Caballeros Orientales). Y continuaron con sus articulaciones en pro de lograr la Independencia del suelo oriental.
Rivadavia, dentro de la prudencia con que
hasta ese momento había sabido manejarse ante la coyuntura, había recomendado a
Tomás de Iriarte que solicitaran a Da Costa el retiro de Montevideo, que si
éste entregaba la Plaza al Cabildo y si éste estaba alineado con los Caballeros
Orientales, las tropas argentinas podrían entrar en Montevideo; inclusive
estaba la posibilidad de que Buenos Aires podía ofrecer transporte para el
retiro de las huestes portuguesas. La propuesta era difícil de que pudiera
cumplirse, pero había que intentarlo. Los Caballeros Orientales y el Cabildo
decidieron articular voluntades para que Da Costa accediera ().
El Cabildo de Montevideo confiaba en que
Álvaro da Costa, ante la alternativa de que tuvieran los leales a Portugal que
retirarse del Río de la Plata, les entregaría al irse el territorio de la
Provincia libre e independiente ([58]).
Se dice que Da Costa veía con buenos ojos entregar la Plaza, aunque esperaba
recibir instrucciones del Rey de Portugal al respecto ().
Los Capitulares se pusieron así de su lado, pero se desconfiaba en el fondo de
que Da Costa pudiera o quisiera cumplir efectivamente ese compromiso. ¿Pero qué
otra alternativa había aparte de confiar, ante el cerco que desde Canelones el
Barón de la Laguna Carlos Lecor estaba poniendo a Montevideo?
La situación auguraba una oportunidad para el
Cabildo montevideano, pero la ocasión no se planteaba sencilla para sus
intereses emancipadores.
“Este temia dar un paso falso y avanzado
que lo comprometiese con las autoridades portuguesas, bajo cuyas bayonetas se
encontraba cohartado; pero tampoco podia conformarse con la inaccion en
coyuntura tan propicia.” ([60])
El 22 de Octubre de 1822 apareció una proclama anónima en que se alentaba a los
orientales, ante la separación del Brasil de Portugal, a sentirse libres y a
convocar a un Cabildo Abierto con el fin de “acordar la forma de gobierno que afiance la seguridad individual, la de
la propiedad, y haga poner en vigor los derechos usurpados á los dignos
orientales...”, uniéndose a Buenos Aires, lo cual podrían convenir los
militares portugueses al mando de Da Costa. Era la oportunidad de emanciparse:
“Calle Esparta
la inmortal,
Oculte sus glorias Roma,
Calle el mundo, que ya asoma
La República Oriental.” ([61])
Desde Buenos
Aires, António Manoel Corrêa da Câmara, Cónsul y Agente de Negocios do Brasil
en Buenos Aires, informaba a Río de Janeiro con horror las actividades de los
Caballeros Orientales en ambas márgenes del Plata entre los años 1822 y 1823, a
quienes denominaba “Carbonarios” o “Club carbonario”, sobre sus “Projectos
mais escadalozos, e absurdos”, denunciando toda una red supuesta
internacional de conspiraciones: “O grande Oriente carbonario da Bahia
trabalha com os clubs de Rio e de Monte Video e a Grande Loja de Buenos Ayres
para levantar o Brasil contra o systema actual”, “para o unir no despois
ás outras Provincias da Prata”, alentada por los “Incendiarios 19
carbonarios”, y maniobrada por “os dous Irmaòs Santiago Basques e
Ventura Basques de Monte Video e Agentes Activissimos da Cabala Militar” ([62]).
Increíblemente, el
Cónsul brasileño en Buenos Aires Corrêa da Câmara tenía un hermano, Lourenço
Jozé Correa da Camara, que era “Capitáo Graduado nos Dragoens desta
Provincia” ([63])
y era antilecorista. Una curiosidad: el
día 6 de noviembre de 1822 Herrera da cuenta que “…el Barón [Lecor] ha recibido
dos cartas del Sr. Consul de Bs Ay.s en la una le dice que se guarde mucho de un
Carbonario, asesino y malvado qe está en el Quartel Gral. acá para matarlo; y
que este Carbonario es ¿Quién le parece que es él? Un Cap.n hermano
del mismo Consul, qe esta en el Reg.to de Marques” ([64]).
El 16 de diciembre
de 1822 el Cabildo montevideano, ante este vacío de poder donde Portugal ya no
ejercía su dominio y mientras Pedro I de Brasil no había todavía afianzado su
imperio, proclamó que no obedecería más a Lecor, desconoció al Síndico
Procurador General Tomás García de Zúñiga, y se atrevió a convocar una Asamblea
de Diputados para determinar sobre el destino de la Provincia, preparando una
posible separación de la Provincia Oriental respecto al Brasil ([65]).
Comunicó el Cabildo su decisión a Lecor y al Consejo Militar presidido por Da
Costa (esperando que este segundo no se opusiera). El 18 de diciembre de 1822
Da Costa envía una respuesta instando al Cabildo a que “delivere lo que mejor parezca, aunque hubiera deseado obraran conforme
a las ‘Bases de la Constitución Portuguesa’”, mientras que Lecor el día 21
de diciembre respondió rechazando tal iniciativa ([66]).
Esta convocatoria fracasó y no se llevó a cabo ([67]).
El 7 de enero de 1823 Lecor desconoció a las nuevas autoridades electas de ese
año para el Cabildo de Montevideo, declarando nulos y sin ningún valor todos
sus actos y acuerdos, a la par que exhortaba a los civiles y militares a la
desobediencia contra el mismo ([68]).
Mientras tanto,
los Caballeros Orientales insistían solicitando auxilios a Buenos Aires y a
Santa Fe. El 26 de diciembre de 1822 un buen número de importantes ciudadanos
orientales solicitó a nombre personal el auxilio del gobierno de Santa Fe,
dirigiendo una nota al caudillo y Gobernador Estanislao López; vemos en la
Lista los nombres de connotados Caballeros Orientales ([69]). El “club
de patriotas de Montevideo, en unión con el Excmo. Cabildo nombraron Diputados
cerca de los Gobiernos de Buenos Aires y Santa Fé, por moción del señor
[Gabriel Antonio] Pereira para pedir una
protección armada para la libertad Oriental”, designándose y enviándose a
Gabriel Pereira, Santiago Vázquez y a Cristóbal Echevarriarza para Buenos Aires
(recordemos que ya Tomás de Iriarte y Ventura Vázquez estaban moviendo
contactos en Buenos Aires), y a Luis Eduardo Pérez y a Domingo Cullen para
Santa Fe. Aunque los resultados de estas gestiones continuaron siendo
estériles:
“Don Gabriel y su
compañero trabajaron empeñosamente, pero experimentaron esperanzas sin fruto y
dificultades invencibles por hallarse la primera Capital en acuerdos con el
Brasil de guardar una estricta neutralidad respecto al Estado Oriental.
Otro
tanto sucedió á los comisionados en Santa Fè, porque ambos Gobiernos profesaban
iguales principios de neutralidad” ([70]).
Se generó una activa Prensa
pro-independentista, que intentaba formar conciencia y convencer a una opinión
pública todavía indecisa. Conforme a De la Sota, “Los Caballeros Orientales se apropiaron entonces la imprenta, y con los
escritos que desparramaban por la campaña, la disponían á la independencia”
([71]).
Se asocia a los Caballeros Orientales con la publicación de algunos periódicos
agitadores por la causa independentista entre 1822 y 1823, como La Aurora y El Pampero (1822-1823), dirigidos por Antonio Díaz y Santiago
Vázquez respectivamente, periódicos de resistencia y de corta vida impresos en
la Imprenta de Torres ([72]).
En 1823 apareció El Aguacero (1823),
que se ubicaría en una línea opositora a los Imperiales, aunque disidente con
las de La Aurora y El Pampero; no obstante, Herrera
comunica a Obes el 3 de agosto de 1822 que “…los
autores del aguacero son Vasquez, el Gallego Díaz, y Juan Giró, en que hace los
quartos de timon el Dr. Muñoz” e involucra también a “Estos hombres con Antuña y demás auxiliares…”, a quienes califica
de “sabandijas venenosas” ([73]).
Esta prensa arreció duramente contra los partidarios de Lecor, alarmando a
Herrera quien informa el 1º de mayo de 1823 que “…siguen los periódicos cada vez con mas insolencia” ([74]),
todo con el beneplácito de Álvaro da Costa y del Consejo Militar pro-portugués:
“…este Gefe y el Consejo protegen
abiertamente á los Independentistas, como se ve de las nubes de papeles
incendiarios que salen diariamente de aquella Imprenta” ([75]).
A su vez, entre 1822 y 1823 arreciaron libelos contra Lecor y sus partidarios.
Entre los días 25 de febrero y 7 de marzo de
1823 varios empresarios comprometieron sus bienes en garantía al Comercio de
Buenos Aires, procurando recursos para la causa libertadora. En la Lista
figuran Manuel Pérez, Pedro Berro, Pedro Vidal, Francisco Aguiar, Fermín Plá,
Silvestre Blanco, Ramón Castriz, Juan Francisco Giró Giró, Gabrial Antonio
Pereira, Luis Seoane, Luis Lamas, José María Roo, Juan Méndez Caldeyra,
Santiago Maza, Gregorio Lecocq, Francisco Lecocq, Pablo Vázquez, Miguel Furriol
y Francisco Muñoz ([76]).
Los portugueses y brasileños se enfrentaron en
las afueras de Montevideo, verificándose algunas acciones armadas entre ellos. El 17 de Marzo de
1823 se encontraron en Casavalle las vanguardias de las fuerzas brasileña y
portuguesa, comandadas respectivamente por Fructuoso Rivera y Manuel Oribe, de
cuyo choque sangriento “resultó que el primero perdiera 50 hombres muertos y
heridos, y 7 oficiales y 150 soldados pasados á las fuerzas del segundo, cuyas
pérdidas fueron mínimas relativamente.” ([77])
En la Provincia
Oriental los Caballeros Orientales obtuvieron el apoyo de importantes caudillos
y jefes militares en la campaña, caso de Juan Antonio Lavalleja, quien según
Herrera, “Este pobre Diablo se dejó
seducir de Santiago Vasquez y sus alateres [sic]”, sin perjuicio de los
apoyos que mantenían con el Consejo Militar portugués: “La revolución que activan Alvear y los Vasquez á la sombra del Consejo
Militar y contando con los Otorgueses, Fragatas, Yupez, Ojedas, Lavallejas, y
demás grandes desertores Patriotas” ([78]).
Y por supuesto Leonardo Olivera se pronunció a favor de la causa
independentista ([79]).
Lavalleja no pudo actuar mucho: perseguido por Rivera, debió huir a Entre Ríos
perseguido por Rivera, donde estableció un saladero ([80]).
La “Sociedad
secreta de Caballeros” solicitó inclusive en abril de 1823 el apoyo y
protección de Simón Bolívar, aunque éste no les prestó mayor atención ([82]).
El 6 de mayo de
1823, a través del Cabildo de Montevideo los Caballeros Orientales intentaron
convencer a Fructuoso Rivera de plegarse a los esfuerzos de emancipación,
obteniendo de éste una respuesta denegatoria el 19 de junio de ese año ([83]).
Recién el 29 de abril de 1825 en que sería convencido (u obligado, al respecto
difieren las versiones) por Lavalleja (episodio que pasó a la Historia como el
“Abrazo del Arroyo Monzón”), aquél apoyaría la causa oriental.
Una Ley del Congreso de Buenos Aires del 14 de
octubre de 1823 había autorizado al Gobierno de Rivadavia a negociar con Álvaro
da Costa la entrega de la ciudad de Montevideo. Pero Da Costa había adoptado un
proceder muy errático, que despertaba resquemores. Algo tramaba. El Cabildo de
Montevideo había tomado conocimiento de que Da Costa estaba negociando con el
Barón de la Laguna Carlos Lecor una eventual entrega de la Plaza de Montevideo
a los brasileños. Intentando comprometerle, los Capitulares exigieron a Da
Costa que entregara al Cabildo la ciudad de Montevideo y el territorio de la
Provincia, y que se favoreciera la entrada de las tropas de Buenos Aires.
Había una sensación de incertidumbre ante una
coyuntura en que había que adoptar definiciones. Era necesario hacer algo.
VII. La reunión del Cabildo de Montevideo del
29 de octubre de 1823

El 29 de octubre de 1823 el Cabildo de
Montevideo se reunió en sesión extraordinaria en su Sala Capitular. Afuera, en
la Plaza Matriz, los vecinos querían saber de qué se trataba. Se leyó un oficio
de Álvaro da Costa en donde éste daba cuenta al Cuerpo Comunal, palabras más
palabras menos, que su propósito era mantener la tranquilidad y orden conforme
a las instrucciones y órdenes que el Rey de Portugal habría proveído para la
Provincia, cuya intención era poner paz y evitar el choque entre las tropas
europeas y brasileñas, y que haría cuanto estuviera a su alcance para ello,
expresando que sólo fomentaría la guerra si permitiera la entrada de tropas de
Buenos Aires, agravando males que podrían solucionarse conciliatoriamente. El
Cabildo manifiesta su sorpresa de esta renuencia de Da Costa “
desentendiendose
aquel Gefe de la entrega de la Plaza á esta Autoridad”, manifestando su
protesta ante posibles negociaciones con el Barón de la Laguna Lecor con el
propósito de dar la plaza a las tropas brasileñas bajo promesa de que se
garantiría indemnidad, cuando la reacción del Cabildo era querer ponerse bajo
la protección del gobierno de Buenos Aires (
[86]).
E invocando “
los poderes que sus
comitentes le otorgaron p.r el acto de su elecci.n en 1.°
de enero del cor.te año: que la Prov.a toda, tomándose la
voz de la Campaña por el estado de opresion en q.e ella se encuentra”,
y “
q.e la mõr parte de este vencidario pedia con instancia, q.e
p.r este Cuerpo se hiciesen las protextas, q.e contra los
actos violentos de las fuerzas brasileras en la Campaña, haría el mismo, sino
se hallase hoy en iguales circunstancias q.e aquella; y haciendo
referencia de la arbitrariedad y nulidades con q.e se había formado
el Congreso provincial de 1821; después de una ilustrada y madura discusion,
acordó S.E. [su Excelentísimo]
por unanimidad de votos” (
[87]),
una declaración muy importante y contundente para los destinos del territorio
oriental.
VIII.
El texto de la Declaración de Independencia del 29 de octubre de 1823
La resolución de fecha 29 de octubre de 1823, aprobada
por los representantes del Cabildo de “la Ciudad Capital de S. Felipe y
Santiago de Montevideo” en su Sala Capitular, manifestó:
“1º Que declara nulo, arbitrario y criminal
el Acto de Incorporación á la Monarquía Portuguesa sancionado p.r el
enunciado Congreso de 1821 (),
compuesto en su mayor parte de Empleados Civiles al sueldo de S.M.F. (),
de personas condecoradas p.r él con distinciones de honor (),
y de otras colocadas previamente en los Ayuntamientos p.a la seguridad de aquel
resultado.
2º Que declara nulas y de ningun valor las
actas de Incorpora.n de los Pueblos de la Campaña al Imperio del
Brasil, mediante la arbitrariedad con q.e todas se han extendido por
el mismo Baron de La Laguna y sus Consejeros (),
remitiendolas á firmarse por medio de gruesos destacamentos de tropa q.e
conducian los hombres á la fuerza á las casas capitulares, y suponiendo ó
insertando firmas de personas q.e no existían, ó q.e ni
noticia tenían de estos sucesos, p.r hallarse aus.tes de
sus casas.
3º Que declara: q.e esta Prov.a
Oriental del Uruguay no pertenece, ni debe, ni quiere pertenecer á otro Poder,
Estado, ó Nación q.e la q.e componen las Prov.s
de la antigua Union del Rio de la Plata, de q.e ha sido y es una
parte, habiendo tenido sus diputados en la soberana Asamblea grãl Constituyente
desde el año 1814, en q.e se substrajo enteramente al dominio
español europeo.
Y p.r ultimo q.e sin
perdida de instantes, mediante el inminente peligro en q.e la Plaza
se encuentra, se pasáran copia de esta Acta certificada p.r la misma
Corporacion al Exmõ Gobierno de Buenos Ayres, acompañando las ultimas
comunicac.s habidas con el Gefe del exto portugues, y la q.e ahora
debe dirigirsele, con mas los documentos q.e acreditan la
legitimidad de este cuerpo Representante, y las facultades conq.e se
halla p.a la extension de este acuerdo, que firmó S. E., conmigo el
Escribano, de q.e doy fé.
Man.l Perez – Pedro Fran.co de Berro – Pedro
Vidal – Fran.co de las Carreras – Silvestre Blanco – José Mar.a
Platero – Ramon Castris – Juan F. Giro
Luciano de las
Casas
Esc.o pop.o
dela C.d” ([92])
IX. Consideraciones sobre la Declaratoria de
Independencia proclamada por el Cabildo de Montevideo del 29 de octubre de 1823
¿Qué representatividad tenían los firmantes de
la Declaratoria de Independencia del 29 de octubre de 1823, como autoridades
del Cabildo de Montevideo, respecto a toda la Provincia Oriental? No cabe duda
de que respecto a los habitantes de Montevideo la poseían, por cuanto eran las
autoridades elegidas legítimamente por los vecinos el 1º de enero de 1823.
Respecto al resto del territorio, podríamos sostener que de alguna forma el
Cabildo asumía oficiosamente el sentir de “la Prov.a toda,
tomándose la voz de la Campaña por el estado de opresión en q.e ella
se encuentra” ([93])
debido a que su querer estaba coartado, y sus Cabildos se encontraban
presionados, por las fuerzas de ocupación extranjeras; voluntad que
posteriormente sería ratificada por la Honorable Sala de Representantes de
(toda) la Provincia Oriental, el 25 de agosto de 1825. Consideramos entonces,
que el Cabildo de Montevideo de 1823 tenía peso y respaldo virtual suficiente
como para poder expresar la voluntad independentista del pueblo oriental.
Existen claras semejanzas de texto entre la
Declaración de Independencia del 29 de octubre de 1823 y las Leyes de
Independencia y de Unión del 25 de agosto de 1825; lo que evidencia que la
primera fue el antecedente documental inspirador de estas dos últimas.
La Declaración de 1823 declara en sus
numerales 1º y 2º “nulo, arbitrario y criminal”, “nulas y de ningún valor”,
el “Acto de Incorporación a la Monarquía Portuguesa” estipulado en el
Congreso Cisplatino, y “las actas de incorporación de los Pueblos de la
Campaña al Imperio del Brasil, remitiéndolas a firmarse por medio de gruesos
destacamentos de tropa que conducían los hombres a la fuerza…”, recordando
que desde ya antes de esos sucesos eran libres porque se habían sustraído “enteramente
al dominio español europeo” (numeral 3º) y estaban ahora recuperando su
libertad primigenia. De modo similar, la Ley de Independencia de 1825 (art. 1º)
declaró “írritos, nulos, disueltos y de ningún valor para siempre, todos los
actos de incorporación, reconocimientos, aclamaciones y juramentos arrancados á
los pueblos de la Provincia Oriental, por la violencia de la fuerza unida á la
perfidia de los 'intrusos poderes de Portugal y el Brasil”, declarándose
(art. 2º) “de hecho y de derecho libre é independiente del Rey de Portugal,
del Emperador del Brasil, y de cualquiera otro del universo…” ([94]).
Asimismo, el numeral 3º de la Declaración de 1823,
en cuanto declara “que esta Provincia Oriental del Uruguay no pertenece, ni
debe, ni quiere pertenecer a otro Poder, Estado, o Nación que la que componen
las Provincias de la antigua Unión del Río de la Plata, de que ha sido y es una
parte, habiendo tenido sus diputados en la soberana Asamblea General
Constituyente desde el año 1814, en que se sustrajo enteramente al dominio
español europeo” (),
nos recuerda a la Ley de Unión o de Anexión a las Provincias Unidas del Río de
la Plata del 25 de agosto de 1825 al declarar ésta que “que su voto general,
constante, solemne y decidido, es y debe ser por la unidad con las demás
Provincias Argentinas á que siempre perteneció”, “por ser la libre y
espontánea voluntad de los pueblos que la componen, manifestada por testimonios
irrefragables y esfuerzos heroicos desde el primer período de la regeneración
política de las Provincias”.
Podría decirse, como después de todo se
criticó a la Declaración del 25 de agosto de 1825, que la Declaración del 29 de
octubre de 1823 no era una proclamación de Independencia absoluta ni
verdaderamente excluyente “urbi et orbi”, ya que la Provincia Oriental había
aceptado anexarse a las Provincias Unidas con gobierno en Buenos Aires. Eso
merece una contestación.
Toda independencia implica autonomía de la
voluntad no solamente para disponer sin rendir cuentas ni pedir autorización a
nadie, sino también para querer obligarse o elegir un destino. La libertad
implica poder determinarse, tanto para seguir un camino propio como para
vincularse o unirse a quien se desee. Aspirar a unirse a las Provincias Unidas
del Río de la Plata era en aquel momento, la expresión de la voluntad
inequívoca y libre de la Provincia Oriental. No quepa dudas de que la voluntad
de querer unirse a las Provincias argentinas era entonces, una clara
manifestación de señorío soberano y libérrimo, porque era espontánea y no
estaba condicionada ni intervenida, de lo que querían verdaderamente hacer los
orientales.
Esta entusiasta agitación emancipadora,
empero, no pudo durar mucho. El 18 de noviembre
de 1823 Carlos Lecor (para ese entonces, nombrado Vizconde por Pedro I del
Brasil en mérito a sus servicios para mantener a la Provincia Oriental o
Cisplatina bajo el Imperio) y Álvaro da Costa lograron un acuerdo que
permitiría el regreso de éste y de sus tropas a Portugal. Da Costa informó el
día 21 de noviembre de 1823 del Acuerdo a los miembros del Cabildo y a los
Caballeros Orientales. “La publicación
del convenio hizo conocer, al Cabildo de Montevideo y á los Caballeros
Orientales, que quedaban sin mas garantía, que las que quisiera otorgar el Bn.
en merito del artículo 8º que si bien en él se acordó el que no serian molestados
por sus opiniones políticas, también era condición espresa, que ocho días
después de ratificada deberían estar recojidas en el Arsenal del Ejercito las
armas que fueran distribuidas a las Guerrillas, Civicos y Milicias”; este
arreglo perjudicaba a los Caballeros Orientales, quienes quedaban sujetos a la
futura discreción de Lecor, de lo que es indicio ciertos pasaportes que Da
Costa entregó a Juan Vázquez (hermano de Ventura y de Santiago) y a Pablo
Zufriategui ([96]). Da Costa y sus fuerzas
se embarcarían entre el 24 al 28 de febrero de 1824 para Lisboa, dejando a
Lecor el dominio total quien el 28 de febrero de 1824 entró en Montevideo ([97]).
Lecor conminará al Cabildo
montevideano a jurar fidelidad al emperador Pedro I de Brasil (como ya lo
habían hecho durante su estadía en la campaña, los pueblos de San José,
Canelones, Soriano, Colonia y Maldonado).
Refiriéndose a este
fatal desenlace, Anaya relata que “…las
fuerzas contrarias [se refiere a las de los brasileños] eran muy poderosas, y al fin unos y otros sucumbieron capitulando D.
Albaro [da Costa], y embarcando con
sus Talaberas p.a Europa en principios de Mzo./ de 1824, después de
dejar en los campos muchas Víctimas; y que los Patriotas en considerable num.o
emigraron á Buenos Ayres asilándose de aquel Goob.no Patrio, siendo
el 1.º D. Man.l Oribe” ([98]).
También debió huir el principal
de los Caballeros Orientales, Santiago Vázquez: “El Sor. Vasquez emigro -como otros muchos
patriotas- á B.s Ayres cuando los Imperiales ocuparon á Montev.o.
Sus talentos y patriotismo acreditados en épocas anteriores desde el principio
dela revolución, le proporcionaron en la capital Argentina una posición
elevada, ytodo el influjo que da el saber; y tanto en el congreso general como
en el Ministerio de la guerra, puso constantemente en acción su zelo
patriótico, ysu aventajada capacidad en obsequio delos intereses de su país,
con todo el entusiasmo de su alma ardiente y bien templada, y con una actividad
y contracción asidua que lo hicieron siempre espectable entre los principales
atletas de las dos margenes del Plata.” ()
A raíz de ello el Orden de
los Caballeros Orientales se disolvería, para evitar ser perseguidos por Lecor.
La sociedad de los “Caballeros Orientales”
desapareció, pero muchos de sus miembros que se exiliaron a la Argentina (caso
de Manuel e Ignacio Oribe, Pablo Zufriategui y Juan Francisco Giró) prepararían
desde allí con otros orientales, argentinos y paraguayos, la Cruzada
Libertadora de 1825.
X. Una
voluntad independentista firme con éxito, y con un final inesperado: el Uruguay
libre e independiente como Estado soberano
Cierto es que los
patriotas orientales no pudieron imponer su interés manifestado en la proclama
independentista del 29 de octubre de 1823. Pero eso fue por poco tiempo. Porque
desde esa fecha su voluntad estaba firmemente determinada en querer ser libres
de la dominación lusobrasileña, y ya nada la detendría. El 29 de octubre de
1823 había quedado la senda trazada; había sido un buen comienzo. Aquéllos se
sabían, se sentían independientes interiormente; sólo faltaba consolidar ese afán
ejerciendo su legítimo derecho de resistencia.
Señala al respecto Pablo Blanco Acevedo que “Revolución improvisada la de 1823, y surgida por la aparente escisión de las tropas portuguesas y brasileñas que ocupaban el país, se deshizo por la base débil en la cual se levantara... pero, de la inmensidad de la derrota, surgiría de nuevo el mismo ideal, más vigoroso e intenso, apoyado, esta vez en el sentimiento público y en la comunidad de los medios para alcanzarlo.” ([100])
Ante la simpatía
oficialmente indecisa todavía de las Provincias argentinas (aunque algunos
privados, como Juan Manuel de Rosas bajo el seudónimo de “un amigo de los
orientales”, colaboraron económica y logísticamente), los orientales
prepararían contra viento y marea una revolución por iniciativa propia, que se
concertaría entre los exiliados en las Provincias de Buenos Aires y Entre Ríos
y los que se encontraban en suelo oriental. Por supuesto, todo llevaría su
preparación y su proceso, aunque no demoraría en concretarse.
Mediante sendas
cartas reservadas del 20 de marzo de 1825 y del 24 de marzo de 1825, Juan
Antonio Lavalleja y Manuel Oribe informaron a Gabriel Antonio Pereira que
invadirían “a nuestra patria para
conquistar el lauro de nuestra independencia”, exhortando a que “es preciso que Vds. como patriotas nos
secunden y ayuden”; estas notas fueron enviadas respectivamente a través de
Francisco Lecocq y Pedro Trápani ([101]).
No tenemos noticia cierta de que Lavalleja y Trápani hubieran pertenecido a los
“Caballeros Orientales”, pero podemos especular que algunos ex integrantes de
esa sociedad, como Lecocq y Oribe, mantenían contactos para articular el apoyo
en la Provincia Oriental hacia aquellos que se reunían reservadamente en Buenos
Aires preparando el alzamiento contra la dominación brasileña. A su vez, si
bien ya no como “Caballeros Orientales”, muchos de sus antiguos miembros
continuaron apoyando solapadamente preparativos revolucionarios contra los
brasileños.
El 19 de abril de
1825, el “Desembarco de los 33 Orientales” (algunos de ellos ex Caballeros
Orientales pero a la sazón participantes a título individual) en la playa de La
Graseada (La Agraciada) sería la chispa que prendería la pólvora
independentista dispersa en toda la Provincia Oriental. La Proclama de
Lavalleja a los “Argentinos Orientales” en el Campo Volante de Soriano
del mismo 19 de abril inflamó la causa de la Libertad ([102])
oriental, que se impulsó y con esfuerzo se fue consolidando en lo institucional
con la Declaratoria de Independencia del 25 de agosto de 1825 (no se puede
comprender a ésta sin conocer sus antecedentes de 1823), y en lo militar con
las victorias de Rincón, Sarandí, Ituzaingó y Misiones; y que finalmente se
concretaría, Gran Bretaña “ex machina” y en un giro inesperado, en razón de la
Convención Preliminar de Paz (cuyos instrumentos se canjearon entre el Imperio
del Brasil y las Provincias Unidas del Río de la Plata el 4 de octubre de
1828), en nuestra total Independencia cuyo hito jurídico quedó demarcado por el
Juramento de nuestra Constitución el 18 de julio de 1830, gestada por una
Honorable Asamblea General Constituyente y Legislativa del Estado que estuvo
integrada por muchos ex Caballeros Orientales y otros patriotas que habían
participado de los movimientos libertarios de 1822 y 1823.
[6] Santiago Vázquez nos
cuenta que su hermano Ventura “se vio
forzado á dirijirse a Montevideo por abril de 1818, donde se hallaban sus
hermanos [Santiago y Juan], siendo
entonces jefe portugués el jeneral Lecor: vinieron tambien tambien en esa época
á. Montevideo desde Janeiro,
donde se habian conservado, el jeneral AIvear y muchos otros de los proscritos
de su administracion, cuyas reiteradas solicitudes para regresar a sus hogares
fueron siempre rechazadas” (VÁZQUEZ Santiago, Apuntes biográficos sobre el coronel D. Ventura Vasquez, escrito por su
hermano D. Santiago Vasquez, en LAMAS Andrés, Colección de memorias y documentos para la Historia y Jeografia de los
Pueblos del Rio de la Plata Tomo Primero, Imprenta del Comercio del Plata,
Montevideo, 1849, p. 532). También Santiago Vázquez nos cuenta de su hermano
Ventura: “…aunque desde 1812, se
incorporó a la sociedad secreta denominada de Lautaros y por este medio se halló colocado en el partido dicho de Alvear,
pasados los primeros momentos de las ilusiones y la época del entusiasmo, no
gustó del carácter político de Alvear” (op. cit., p. 536).
[9] IRIARTE Tomás de, Memorias Tomo 1, La Independencia y la Anarquía
Segunda edición, Ediciones Argentinas Sociedad Impresora Americana, Buenos
Aires, 1946, p. 161.
[15] IRIARTE Tomás de, Memorias Tomo 1, La Independencia y la Anarquía
Segunda edición, Ediciones Argentinas Sociedad Impresora Americana, Buenos
Aires, 1946., pp. 222-223. Hemos dicho en la Sección III que en 1819 se
esperaba con cierto temor una expedición de reconquista española de sus
colonias, por lo que los Caballeros Orientales y los portugueses mancomunaron
esfuerzos para elaborar un plan de contingencias (v. las Reflexões sobre a noticia da Expediçao Hespanhola no Rio da Prata,
provenientes de Rio de Janeiro, datadas el “14 de settembro de 1819”; en
Archivo General de la Nación, Colección
de documentos diversos, Caja 319, Carpeta 2; también v. Observaciones
sobre la defensa de la Provincia de Buenos Ayres amenazada de una invasión
Española 1819, Por C.A. [Carlos de Alvear].
Archivo General de la Nación -Buenos
Aires-, Documentos Escritos, Archivo y Colección Andrés Lamas, Legajo
36).
ESTADO
MAYOR DEL EJÉRCITO - Sección “Historia y Archivo”, Boletín Histórico No. 92-95, Montevideo, 1962, pp. 162-164 y 165-173.
[17] IRIARTE Tomás de, Memorias Tomo 3, Rivadavia, Monroe y la Guerra Argentino - Brasileña, Ediciones
Argentinas - Sociedad Impresora Americana, Buenos Aires, 1945, pp. 9-10.
[30] Constitucion Orgánica del Orden de Caballeros Orientales, Archivo y Biblioteca Pablo Blanco Acevedo Tomo 132, fs.
78-79 v., Museo Histórico Nacional, Montevideo. El mismo se transcribe completo
en c0020, Bajo la Escuadra… cit., pp. 388-392.
[43] Documentos
para la historia política del Río de la Plata (1820-1824)
en Revista Histórica Año LI T. XXVII Montevideo,
enero de 1957, Montevideo A. Monteverde y Cia., 1957, pp. 357-360 y 374-376.
[48] DE LA SOTA Juan Manuel, Cuadros Históricos… cit., Cuadro IX, pp.
411-412. ANÓNIMO (“Un cazador civico”), Esposicion
de los obsequios hechos en Santa Fé a los Señores Diputados del Exmo. Cabildo
Representante de la Provincia de Montevideo, Montevideo, Imprenta de
Torres, 1823. ANÓNIMO, Un oriental á los
habitantes de Buenos Aires, Montevideo, Imprenta de Torres, ¿1822?.
[49] DE LA SOTA, “Cuadros Históricos…” cit., Cuadro IX, p.
427. Carta de Silvestre Blanco a Rivadavia de fecha 23 de octubre de 1822. En
carta de Alvear a Santiago Vázquez del 5 de noviembre de 1822, aquél aconseja
que pidan auxilios por intermedio de Tomas de Iriarte, y le exhorta a que “tenga V. la bondad de saludar en mi nombre
atodos los nuevos amigos, ofresiendoles mi persona y sinsera amistad, para lo
que quieran ocuparme, desde Buenos Aires”. Al respecto, v. Documentos para la historia política del Río
de la Plata (1820-1824) en Revista
Histórica Año LI T. XXVII Montevideo, enero de 1957, Montevideo, A.
Monteverde y Cia., 1957, pp. 354, 357-360.
[52] Documentos
para la historia política del Río de la Plata (1820-1824)
en Revista Histórica Año LI T. XXVII
Montevideo, enero de 1957, Montevideo A. Monteverde y Cia., 1957, pp. 364-366.
[53] MANSILLA Lucio, El oriental á sus compatriotas. Extracto del
Manifiesto del Gobernador de Entre Rios á sus habitantes, Montevideo,
Imprenta de Torres, 1822. Mansilla en dos cartas a Lecor del 1º de diciembre de
1822 dio cuenta que había puesto preso al oriental Ramón Cáceres (quien en
Montevideo se había contactado con José María Roo, Pedro Berro, Gabriel Pereira
y Francisco Muñoz, “en fin todas las personas mas influyentes de aquella
epoca”) por “fomentar la anarquía en
un país extraño”, y que había tomado medidas para prevenir las agitaciones
de los orientales buscando partidarios en Entre Ríos; inclusive Mansilla y
Lector acordaron condiciones para evitar tales problemas (FREGEIRO Clemente, Documentos referentes á la revolucion
verificada en Montevideo el 3 de setiembre de 1816, y á las elecciones
capitulares para 1817. Es copia de los originales que existen en poder del
doctor don Andrés Lamas. Buenos Aires, Noviembre de 1883. C. L. Fregeiro,
en Archivo General de la Nación, Colección
de documentos Clemente L. Fregeiro. Documentos relativos a la dominación
Luso-brasileña, Copias 1816-1824, Caja 327 Carpeta 6, fs. 15 a 23. También
CÁCERES Ramón de, Memoria Postuma ó acontecimientos en la vida publica del
Cor. Dn. Ramon de Caceres, en Revista Histórica Tomo XXIX Año LIII,
Nos-85-87, pp. 412-417, y CÁCERES Ramón de Manifiesto, que hace D. Ramon
Caceres á sus amigos y Compatriotas, s/l, s/e, s/f (¿1828?), en Archivo General de la Nación (Buenos Aires).
Documentos Escritos, Archivo y Colección Andrés Lamas, Legajo 46.
De acuerdo a Lappas, Lucio Mansilla fue “Iniciado
en la Logia del Ejército de los Andes en 1822” (LAPPAS Alcibíades, La Masonería a través de sus hombres,
Buenos Aires, s/e, 1966, p. 271), dato que no parece ser verosímil porque
Mansilla regresó de la Campaña de los Andes a Buenos Aires por 1820 y en 1821
fue electo Gobernador de Entre Ríos, permaneciendo en el cargo hasta 1824.
Lappas afirma que Mansilla “propició la
fundación de la actual Logia Jorge Washington” (loc. cit., p. 271), que
según Salsamendi habría levantado Columnas en el año 1822, y en 1857 fue
regularizada bajo el Supremo Consejo y Gran Oriente del Uruguay con el número
16, hasta que en 1875 se incorporó al entonces Gran Oriente de la República
Argentina (SALSAMENDI Miguel Crónicas del
Levantamiento de Columnas de las Logias nacidas bajo jurisdicción masónica
uruguaya y datos biográficos de sus fundadores, desde el 21 de enero de 1830 al
30 de junio de 2000, s/e, Montevideo, 2001, p. 111) con el No. 44.
[55] Documentos
para la historia política del Río de la Plata (1820-1824)
en Revista Histórica Año LI T. XXVII
Montevideo, enero de 1957, Montevideo, A. Monteverde y Cia., 1957, p. 383.
[56] ANÓNIMO (“El Brujo
enemigo de indirectas”), El Mas
aficionado de los brujos á el Mas amado de los Duendes, Montevideo,
Imprenta de Torres, ¿1822?.
[62] República dos Estados
Unidos do Brasil, Ministério das Relações Exteriores, Annaes do Itamaraty
cit., pp. 8-183.
[65] El
Argos de Buenos Aires Num. 98, Miercoles 25 12.1822, Tomo 1.º, p.
3. Firman por el Cabildo de Montevideo la “célebre
é inmortal Acta del 16 de diciembre de 1822” Carlos Camusso, José María
Roo, Gabriel Pereira, Francisco Farías, Bernardo Susviela, Cristóbal
Echevarriarza, Agustín Aldecoa, Estanislao García de Zúñiga y Luciano de las
Casas. Todos ellos serán sindicados como Caballeros Orientales (La Aurora Num. 4., Montevideo - 11 de
Enero de 1823, p. 13, y ejemplares subsiguientes). Integraron también el
Cabildo montevideano de 1822, Manuel José Gutiérrez y Antonio José de Souza
Viana.
[66] DE LA SOTA Juan Manuel, Cuadros Históricos escritos por Juan Manuel de la Sota, año 1849,
manuscrito inédito existente en el Museo Histórico Nacional,
Cuadro IX, pp. 415-424. Carta de Silvestre Blanco a Rivadavia del 18.10.1822;
en Documentos para la historia política
del Río de la Plata (1820-1824), en Revista
Histórica Año LI T. XXVII Montevideo, enero de 1957, Montevideo A.
Monteverde y Cia., 1957, p. 353.
[67] Carta de Silvestre Blanco
a Rivadavia del 26.12.1822, en Documentos
para la historia política del Río de la Plata (1820-1824) en Revista Histórica Año LI T. XXVII cit.,
pp. 381-382.
[70] ANAYA Carlos, El Sr. D. Gabriel A. Pereira. Apuntaciones
de su vida pública en el transcurso de la Revolución, durante cincuenta y
tantos años, con distinguidos servicios por la Libertad é Independencia de su
Tierra Natal; el Estado Oriental, después República del Uruguay, etc., etc.,
en PEREIRA Gabriel, Correspondencia
confidencial y política del Sr. Dn. Gabriel A. Pereira Tomo Segundo, Montevideo,
Editores: Ottado y Cardoso, 1896, p. 21 (Anaya menciona a Echevarriarza con el
nombre de Prudencio, y no de Cristóbal). También ARCOS FERRAND, La Cruzada
de los Treinta y Tres cit., pp. 76 y 94.
[78] Archivo General de la
Nación, Archivo de Lucas José Obes.
Correspondencia con Nicolás Herrera 1814-1822, Caja 16 Carpeta 3, cartas
del 19 de noviembre de 1822 y 14 de diciembre de 1823. DE LA SOTA, Cuadros Históricos… cit., Cuadro IX, pp.
405-406; Cuadro XII, p. 570. Manifiesto
del Cabildo Representante de Montevideo á los Pueblos de la Provincia Oriental,
Montevideo, Imprenta de Torres, 1823.
[79] OLIVERA
Leonardo, Manifiesto que hace el Capitán
Don Leonardo Olivera á los habitantes del Estado Cisplatino, Canelón, Mayo
26 de 1823, s/e.
[101] PEREIRA Gabriel, Correspondencia confidencial y política del
Sr. Dn. Gabriel A. Pereira Tomo Primero, Montevideo, Editores: Ottado y
Cardoso, 1894, pp. 14-16.
[102] El
original de esta Proclama de Lavalleja se encuentra en el Archivo General de la
Nación, Colección de Documentos diversos,
Caja 319 Carpeta 2.